sábado, 12 de agosto de 2017

"Siempre fuimos inmigrantes"

"..curioso que mientras los negros gringos cantan sus penas,
los negros latinos bailamos las nuestras."

Mañana es tu cumpleaños y te diste cuenta que crecer
significa menos gente que recuerde el día en que naciste.
Los amigos se nos van o se nos mueren.
Pero tranquilo, nosotros también somos inmigrantes.
Siempre fuimos inmigrantes.
Te lo gritaba el precio del pan cuando
hacías una cola de tres horas.
¿Qué es lo que duele?
¿El tiempo perdido
o el desgarro famélico?
Siempre fuimos inmigrantes.
Foráneos de narices sucias pegadas al cristal
del centro comercial.
O famélicos de aire acondicionado en nuestras casas.
Inmigrantes.
Huérfanos de padre y madre.
Hijos únicos en la parada del autobús.
En la cola del banco.
En el oncológico.
Inmigrantes sin salir de casa.
En la soledad de nuestras propias islas.
La quimioterapia es una isla.
La leucemia de Iván es una isla.
La botella de ron es una isla.
El padre llora ron y se bebe las lágrimas.
La madre se quiere matar antes de que le llegue
la hora de morirse.
Los niños no tienen tiempo para equivocarse.
Los jóvenes no tienen tiempo.
Siempre.
Siempre.
Casas muertas donde agonizan hogares.
Las venas negras no se terminan de desangrar.
Los payasos no terminan de contar sus chistes.
Somos muchos los que estamos solos.
El que dice que se va es porque ya se fue, a menos que
traigas el extranjero y se lo pongas en los pies.
Abrimos las ventanas pero nuestros hermanos están
demasiado lejos para poder verlos.
¿O somos nosotros los lejanos?

*favor de abordar por la puerta..*

Siempre fuimos inmigrantes
pero la esperanza emigró antes.

viernes, 19 de agosto de 2016

"Cincuenta minutos tarde"

Hace tiempo que no escupo las palabras
Y solo he escrito ejemplares sintácticos
Entonces decido hacerlo hoy
Pero estás en mi cuarto
Y me tapo los ojos con una gasa para poder estar solo

(ya sabes, necesito privacidad)

Se supone que tengo que escribir algo que valga la pena
Pero se supone también, que la felicidad nunca ha parido una gran historia
Y ya no estoy triste
Entonces decido reír pero tu risa opaca la mía

(Si en esta alucinación tuviéramos vecinos, ya se habrían despertado)

Entonces decido dibujar confiando en que tus paleta de colores pasteles no dejará que mis líneas se mueran de frío
Pero se supone también, que la felicidad nunca ha parido una gran historia
Y ya no estoy triste
Entonces esto de escribir sin depresión es como masturbar el ingenio
Y hay pajas que son la gloria
Entonces esto de soñar con lirios y nebulosas es como tragar papel en el campo
Y ya sabes a lo que me refiero

La venda está empapada de lágrimas
Pero no quiero que te des cuenta
Es solo, que sí es una historia triste después de todo.

Se murió la tristeza.

lunes, 11 de julio de 2016

"Película"


“I'll let you be in my dreams if I can be in yours”

—Bob Dylan.
hay una película que tiene todo lo que te gusta:
    lunas como empanadas
y besos que duermen los labios
    lluvias que ralentizan el tiempo
y dedos de foami
    orgasmos ciegos
y promesas de tinta violeta.

quizá me equivoqué de película como me equivoqué al pensar que no mirabas
                                                          pero es que mi mente estaba ocupada
                                            tratando de no usar la palabra demasiado pronto.

aunque el pronto es pasado cuando sustituimos lo verbal por el hecho
                                                                     (y el hecho es que te [la palabra                                                                                        demasiado pronto])
a lo oral no lo sustituye nada porque el todo es la vida
y la vida es una azotea cuando estoy contigo.

demasiado pronto es un hoyuelo al lado de la comisura de los labios
    pero nunca un mechero lleno de flores

así que prende en candela la nebulosa
y que el humo cubra las dudas y el tiempo
porque las películas que se interrumpen para agarrarse de las manos

son las que nunca se acaban.


martes, 5 de julio de 2016

Estacionamiento

Había una rata aplastada y llena de gusanos pegada al pavimento y por alguna razón pensé en el hambre y la pobreza y en cuando ya no tienes más nada que hacer aquí. El hambre quita la voluntad, que es lo que realmente importa. Lo de la esperanza fue un truco publicitario.
Estaba recostada de una camioneta y yo de un sedán. Frente a frente, en un puesto de estacionamiento. Fumaba sus cigarros favoritos porque logré robar una caja.
—Seamos felices. Juntos o no —me dijo.
—Ya tú has sido feliz antes. —le respondí— Es como la luz, ¿sabes? El ojo humano cree que la percibe instantáneamente, pero en realidad la luz visible tarda más en llegar que... una ridícula infinidad de cosas en el universo. Así que eres algo así como un fantasma.
Se rió de mí. Amaba esa risa.
— ¿Quieres decir que soy como una de esas estrellas muertas? —preguntó.
Asentí.
—Tienes razón, yo ya me fui —me dijo con una sonrisa como una pistola que apunta a alguien que está arrodillado.
Me quedé mirándola a los ojos. Solía decirme que yo la miraba con ternura, pero así miraba a cualquier persona. Supongo que miro a todas las personas como me gustaría que me miraran a mí. No lo hace menos real.

Esta es una ciudad extraña. Quiero decir, no nos importa mucho andar mal alimentados, pero necesitamos estar bien peinados. Así se vive en una ciudad que no tiene puentes, aunque eso importa menos que andar mal alimentados. Los puentes son solo herramientas para moverse de un punto a otro, pero con frecuencia solemos sobrevalorar todo. Como las historias. Todas las historias son iguales. Todos mueren o a todos les rompen el corazón, o se pierden dentro de sí mismos. Lo que cambia es cómo la cuentes, pero al final, todas las historias son iguales.
—Todas son mortales —dije en voz alta saliendo de mi monólogo interno.
— ¿Qué son mortales? —dijo mi fantasma.
—Las historias —le respondí.
— ¿Ah, como la canción de Viniloversus?
Ella tiene una frase de alguna canción para cada conversación. Le señalé eso para distraerla y que no preguntara por qué estaba pensando en lo de las historias.
—Sí, pero no le presto mucha atención a la letra de las canciones —me dijo mientras apagaba su cigarro.
Sus labios hacían un movimiento extraño de posarse uno encima del otro, dos veces antes de lamerlos con delicadeza. Era hermoso. Como masturbarte en la cima del Everest.
—Deberías. En las canciones hay más que solo música. Hay personas, hay ideas, hay filosofía.
—Tú solo lees filosofía, por eso siempre estás triste. Sabes más de lo que deberías.
—No solo leo filosofía, pero en la filosofía también hay canciones, de hecho. Como en esa novela de Cioran donde dice algo como que "cualquier ser es un himno destruido" o algo así. Te hace pensar.
—No sé quién era Cioran, pero seguramente también estaba triste.
—Eres demasiado hermosa.
—Y tú un jalabolas distraído —dijo.
Y la besé.

—Tienes esa mirada otra vez —dijo riendo—, y sabes que me iré y que no hay nada que podamos hacer para que no te duela, sin embargo, estás aquí, hablando con un fantasma. Dime cómo te sientes con respecto a eso. Entreténme.
—Prefiero no hacerlo. Hablar de noche es peligroso —dije, mientras alzaba mis codos y colocaba mis manos detrás de la nuca para recostarme del capó del sedán y ver las estrellas. Por alguna razón pensé en espirales. En que no es tan importante si se cierran o se abren, cualquier punto está separado de otro. Nunca se cruzan, nunca convergen ni nada. Solo se cierran, se abren y alejan.
Mi cabeza y mi cuerpo iban por caminos distintos.
—Las noches fueron hechas principalmente para decir cosas que no puedes decir mañana por el día —dijo ella.
—Buena, ¿de quién es?
—Arctic Monkeys.
No me gustaba mucho Arctic Monkeys. Alex Turner no me caía bien.
—Prefiero Interpol.
—No me cambies el tema.
— ¿Qué quieres que te diga? —dije, sin apartar mi mirada del cielo.
—Todavía no estoy allá arriba —me dijo, en tono sarcástico. No le gustaba cuando hablaba con ella sin verla a los ojos. Decía que no le prestaba atención. Como si eso fuera posible.
La miré.
—Tu mirada es una casa después de un incendio —me dijo.
— ¿Ves? También puedes escribir canciones.
—Amo cuando te pones cínico. Me provoca hacerte el amor.
— ¿Por qué no "coger"?
—Porque siento que esa palabra huye de un sentimiento, y el sexo no es solo sexo. Cuando te acuestas con alguien ambos se arrebatan una parte de su alma. Por eso es importante elegir también las parejas adecuadas. No vaya a ser que te traigas contigo una mala energía.
—En primer lugar, "coger" es una acción, no una mala palabra. No tiene la culpa del estigma. Coger, tirar, tener sexo, es lo mismo. Una acción. Las acciones no tienen sentimientos. Como tú. En segundo, lugar... Eso. Tú no sientes nada por mí. Siempre me lo dices.
—Ah pero tal vez, en el futuro que ya pasó, cuando ya me fui, te esté amando.
—Tal vez. Pero ¿por cuánto tiempo? Esa es la pregunta. Todos quieren que los amen, pero piden el deseo mal. Se olvidan de especificar el tiempo de duración. De explicar las letras pequeñas.
—El tiempo no importa. Es relativo, ¿recuerdas a Einstein? Y luego llegó otro tipo con la idea de que hay tiempos paralelos, universos paralelos, etc. Importa más que sea real.
—Siempre es real, y por ser real se acaba más rápido.
—Me excita tu pesimismo.
—No te juzgo, a mí me excitan tus rodillas.
—Te crees interesante por hablar como una estrella de rock de esas que lograron salir de rehabilitación, pero que dejaron su alma ahogada en algún pasillo de hotel. Estás muy jodido —dijo con la sonrisa más hermosa que le hubiera visto jamás, y por un instante pensé que estábamos en una película y que el único escenario era este puesto de estacionamiento.
Me besó.
La paleta de colores cambió, y se acopló a la banda sonora.
Una película.
Pero no éramos los protagonistas...
Los reflectores me quemaban los ojos.
Tal vez era la piola que me había tragado.
—Me es fácil darme por vencido. Es cómodo.
—Pero te duele, y sientes. Tú sientes. ¿Por qué lo reprimes?
—No reprimo nada, solo resisto. Lo suficiente. Después de todo, ya he estado aquí antes.
—Claro. Y yo ya me fui.

Nos sentamos en la acera.
Además de la camioneta y el sedán habían otros tres carros estacionados, pero muy lejos entre ellos. Supuse que eran robados, esas cosas siempre pasan aquí.
Creo que los faroles de la esquina escuchaban mis pensamientos.
Tengo que dejar las drogas.
No teníamos carro y no sabía cómo regresaríamos cada uno a su casa, pero solíamos salir así muy seguido. Después de todo, en este país es igual de peligroso quedarte en tu casa que caminar por la calle a las tres de la mañana.
—Ya es medianoche —me dijo.
—Que no se pierda la bonita costumbre de llegar desplomados a la madrugada —respondí.
—Deja la intensidad. Es tiempo de irnos.
Tiempo de irnos. ¿Qué es el tiempo? “Cuando no me preguntan qué es el tiempo, lo sé; cuando me lo preguntan, no lo sé”. No recuerdo dónde leí esa frase pero me parece muy acertada. Tampoco recuerdo quién la dijo. Soy malo para los nombres, pero las caras… jamás olvido una cara. Es sorprendente la cantidad de gente que encuentras por ahí, que alguna vez conociste, de niño, o incluso más reciente, que te miran y no te reconocen. O quizá sí lo hagan y solo te ignoren. O quizá piensen que eres tú quien los va a ignorar. Entonces prefieren ignorar ellos y hacerte creer que no tienen ningún tipo de vínculo contigo. Que no te han conocido ni te conocerán.
Espirales.
—Ya tú te fuiste.
—Es en serio.
—No tengas miedo. Esto está tan solo que hasta los malandros evitarían pasar por este lugar.
—Tengo ansiedad y se acabaron los cigarros.
Le agarré la mano.
—Cuéntame algo para distraerme —me dijo. — Tengo que pedirte las cosas, ya que tú nunca tomas la iniciativa…
—Ouch. Sabes que soy lento.
—No eres lento, solo estás drogado.
—Te contaré un sueño que tuve.
— ¿Conmigo?
—A ti no te sueño. Te recuerdo, fantasma.
—Ajá —dijo volteando los ojos.
Maldita hermosa.
—Estaba como tirado en un sitio. Podía sentir en la boca ese sabor a tierra como cuando todo está mal. Me levanté sin mucha dificultad, pero igual me dolía mucho el cuerpo. Cuando me puse de pie y observé el panorama que tenía frente a mí, me di cuenta de que ya no estaba en la tierra. Era un planeta diferente, una atmósfera distinta, y el cielo era del color que solo puedes ver si pegas la cara contra la ventanita del horno de tu cocina.
— ¿Cómo así?
—O sea, así como uno de esos estúpidos filtros de Instagram.
—Ah, ok. Jajá pero dímelo así. No sé por qué siempre hablas como si estuvieras en una película.
—El punto es que de repente empecé a flotar en ese cielo, y temí salir de la atmósfera del planeta, pues. Y no poder respirar y eso. Pero como a cien metros o algo así dejé de ascender, y delante de mí aparecieron unos cristales morados que formaban unas letras, una palabra.
— ¿Y qué decía?
—No me acuerdo.
—Es una cagada de sueño.
—Sí, bueno. Se veía cool en vivo.

—No creo que después de mañana nos volvamos a ver.
—Yo sé. Te lo había dicho. Aunque el mañana es un período muy general.
—No, es en serio. Mañana me voy a Houston con mi familia. Nos mudaremos y comenzaré un posgrado en dos meses. Es la manera más sencilla de tener una visa de estudiante.
Ella tenía un buen dominio del inglés. Pronunciaba “Houston” perfectamente y con acento local. Obviamente había estudiado en colegio privado, aunque eso no tenía mucho que ver. Pero sí su círculo social y sus hábitos de niña perfecta. De esas que se comen los libros y la verga del carajo más popular del quinto año al mismo tiempo, y sobreviven a la raya. Si no hubo video, no pasó. Se graduó con honores y el orgullo de su papá militar, que ahora era empresario, porque en Venezuela, ser empresario es el escalafón que le sigue a ser militar.
Estudió medicina y todo eso. Según los estándares generales era perfecta, pues. Pero según mis estándares era algo más.
—Si tienes dinero, es la manera más sencilla de tener una visa de estudiante —le dije.
Siempre he sabido disimular la tristeza.
—Discúlpame por no decírtelo antes, pero pensé que te dolería menos así.
—“Antes”, “después”, da lo mismo. El universo es un solo instante que se fractaliza en múltiples otros instantes y a esos pedazos les llamamos “pasado” y “futuro”. El presente es el lienzo completo. Pero, oye: “Seamos felices. Juntos o no”.
—Al menos estaré lejos de ti burlándote de mí.
Su mano apretaba la mía.
—Me gustas —le dije.
—Tú también me gustas, tienes una linda sonrisa. Y me gusta cómo me jalas el cabello cuando estoy encima de ti.
—No, me refiero a que en serio me gustas.
Me soltó la mano. Me giré y quedé mirándola fijamente a los ojos. Los de ella eran de un gris oscuro casi negro. Los míos eran marrones, cristalizados por la píldora. Aunque el efecto no era el que esperaba.
Seguro me la vendieron mezclada con otra vaina…

No sabía si la ansiedad que me subió de repente era por la piola o por ver sus ojos.
Se dice que la mirada es una especie de portal tanto del yo como del otro. Miramos y alguien nos mira, y en el medio pasa la vida. Lo pensaba y no tenía que ver con mi estado. Una vez leí un estudio que decía que mirar a otra persona continuamente a los ojos puede inducir un estado alterado de conciencia, similar a lo que sucede cuando se consumen ciertas sustancias psicoactivas. Pero mientras la mayoría de las drogas se usan para desconectarse de la realidad, yo la miraba y estaba en la realidad.
Ella quitó la mirada primero.
—Yo no te gusto “en serio” —dijo, jugando con un mechón de su cabello teñido de rojo mientras miraba hacia la rata aplastada pegada al pavimento.
—Siempre me gustaste en serio.
—Entonces, según tu lógica ya sabes lo que te voy a decir. O mejor dicho, lo que “ya te dije”.
—Cuando tratas de encontrar una razón, y dices tantas, y enlistas todas las que puedes recordar, y aun así estás seguro de que no has dicho por qué te gusta alguien es cuando sabes que realmente te gusta.
—Entonces creo que a mí nunca me ha gustado alguien en serio. Quiero decir, como yo lo veo siempre ha tenido que ver con las canciones. Uno siempre, desde que tiene uso de razón, escucha canciones y luego crece y conoce personas y siente cosas por personas y va relacionando las canciones con alguna en particular, hasta que te rompen el corazón y te ensucian las canciones que antes adorabas y las vuelven tristes, y luego conoces a alguien más, y le das otra canción, como para dar tiempo a que las que están sucias se limpien solas o que se yo. Pero creo que el amor es cuando llega una sola persona que te limpie todas las canciones de una sola vez. Alguien que enjuague las canciones tristes.
—Creo que es una responsabilidad personal demasiado grande como para delegársela a alguien.
—No sé, yo te gusto en serio ¿no? ¿No te parece que yo enjuago tus canciones tristes? —dijo, en tono burlón mientras me agarraba la mano.
—Tienes las manos frías.
Quizá no tenía las manos frías. Quizá solo era la piola. Quizás era el estacionamiento el que se ponía cada vez más frío. Quizás era que a partir de mañana no la volvería a ver más nunca. Pero “mañana”, “ayer”, da lo mismo.
—Tus manos son frías, no como las mías. O será que no me siento bien.
Ella tiene una frase de alguna canción para cada conversación.
—Me da sueño Sentimiento Muerto. Es muy pajuo y ladilla.
— ¡Estás loco! Pura vaina en inglés, lo tuyo. El comunista transculturizado. Sentimiento es muy sexy.
Me acosté en la acera y miré el cielo entintado de calima. Un pedazo de tela negra pintada con acuarela naranja.
Ella sacó su teléfono y me apuntó con él. Vale el simbolismo.
—Para tener un recuerdo del primer carajo al que le gusto en serio.
—Seguro me veo destruido.
—Te ves bien. Tus ojeras de siempre. Qué loco que para el tiempo en que nos conocemos, esta sea la primera foto que tenemos juntos. O bueno, que tengo tuya.
De repente pasó un avión muy cerca de allí y el ruido ensordecedor me sacó de mi viaje de drogas adulteradas. Pirateadas. Y recordé Donnie Darko y cuando el motor de avión cae del cielo impactando con la habitación de Donnie, y deseé ser Donnie y estar en esa habitación.
—Es tiempo de irnos —dijo ella y se levantó de un salto.
Caminó siete pasos delante de mí. Llevaba unos skinny jeans negros rotos, un crop top azul marino ajustado y unos tirantes negros. En cuanto al calzado, ella era el tipo de chica que cree que los chucks blancos solo se usan si están sucios. Usaba unos corte bajo, y en la punta del zapato izquierdo tenía dibujada una ciudad con rascacielos. Se la dibujé con rapidógrafo el día que la conocí.
Me gustaba verla.
Me gustó verla.
— ¿Cómo sabes que es “tiempo de irnos”? Mira, el tiempo es una versión en miniatura del rollo que te explicaba sobre la luz en el universo. Las estrellas que vemos en el cielo brillan con luz de hace miles de años. Nuestro cerebro tarda ochenta milisegundos en sincronizar todo lo que percibimos, la luz, el sonido. Todo eso es el tiempo, y llega ochenta milisegundos tarde.
—Eres muy lindo cuando tratas de distraerme.
—El tiempo es sobre todo un reflejo de la mente en el espacio. Claro que existe, a pesar de los esfuerzos de la posmodernidad por negarlo, tipo lo que hizo el positivismo con la irracionalidad en épocas de la ilustración. Solo que, son varios tiempos, uno para cada ser, y el punto exacto en el que convergen todos esos tiempos colectivos es un tiempo general.
—Te pegó fuerte esa pepa, ¿no?
—No quiero que te vayas... Pero ya te fuiste. Aunque… así como tú estás en este pasado y no estás en este futuro al mismo tiempo, quizá yo tampoco esté aquí.
—Es que no estás…
—No, pero… Se me ocurre, incluso, que tal vez, en otro universo…
—Ahora hablarás de universos paralelos —dijo ella, mientras bostezaba.
—Tal vez en otro universo, ninguno de los dos esté en este estacionamiento. Tal vez alguien está escribiendo esto, y es una historia de ficción. Y solo existimos en esa mente, no sé. Tal vez soy yo mismo escribiendo sobre ti. Tal vez ni siquiera estoy escribiendo sobre ti, sino que eres una mezcla de cosas de personas que conozco. O tal vez tú me representes a mí, y yo sea el inventado. En esa realidad podría escribir que no te vas, podría hacer aparecer un carro de repente para irnos a nuestras casas. ¿Qué prefieres, un Mustang o una van? ¿Una Harley o una Vespa? Podría arreglar este país de mierda y erradicar a todos los políticos corruptos. Podría limpiar el Guaire. Podría destruir al Estado Islámico. Podría incluso darle sentido a aquel sueño de los cristales. La palabra en el cielo sería “confianza”… O si suena muy cursi, “sexo”. O “fuerza” o algo cool. Quizá no sería una palabra. Quizá haría un dibujo con los cristales morados en el cielo.
— ¿Y qué dibujarías?
—Una rata aplastada y llena de gusanos pegada al pavimento.
—Si eso te hace feliz…
—No. Ya yo fui feliz.


sábado, 18 de junio de 2016

"Moscú"

Él le dijo que no escribiría sobre ella. Ella dijo que estaba bien, que no creía que sería especial de todas formas. Tranquila, no escribiré sobre tí. Te lo prometo. Ella ladeó su cabeza, se acercó a él y lo besó. No movía mucho la boca ni usaba la lengua. Es una niña después de todo, pensaba él mientras le mordía el labio inferior. A modo de confesión ¿para qué soltar ese labio? La miró. Dos hermosos ojos cafés con manchas de ternura. Recordó una película de culto que había visto. Yo creo que el mundo moderno es un mundo de consumo en el que nunca agotamos toda la potencialidad del objeto. Nos venden lo efímero. Ella lo miró. Siempre tienes que arruinar tus momentos cursis, ¿cierto? Era evidente. No escribiré sobre tí. Pero sí escribiría sobre ella. Ella lo sabía como sabía que sí sería especial. Afuera llovía pero más cierto era que lo que tenían sería especial. Pero él no lo sabía. Todavía no, pensaba ella. Tenían puesta una película mala de las que usan diálogos forzados. Él amaba esas películas. Él la besó. Sus besos eran una película de culto. Ella era el tipo de chica que adoraba bailar pero que aprendió a amarrarse los zapatos después de los veinte. Él estaba más cerca de los treinta pero se sentía de quince cuando la besaba. No escribiré sobre tí, mentía. Afuera llovía o tal vez no. No importaba. Ella creía que a él no le importaba y por eso decía que a ella tampoco. Pero sí le importaba. No creo que vaya a ser especial, mentía. Él no podía apartar la mano de la cintura de ella. Era su lugar favorito en el mundo, después de Moscú. Había viajado un par de veces [ en sueños ]. Él tomó su guitarra e improvisaba acordes flojos. El sonido del níquel contra las yemas de sus dedos mientras cambiaba de acordes era su favorito en el mundo, después de la risa de ella. Todo es efímero, dijo ella. Todo se acaba, pero lo efímero es lo que se acaba más rápido, dijo él. La película terminó y él la seguía tomando de la cintura. Hablas más de lo que piensas y crees que eso es la sinceridad, dijo ella. Afuera dejó de llover o tal vez no. No importa lo que digas con palabras, dijo ella. Lo miró. Los ojos de él también eran cafés con manchas de ternura, pero brillaban más. Las cosas rotas también brillan. No escribiré sobre ti, mintió por última vez. Media sonrisa, como quien guarda un secreto entre sus dientes. Movió la cabeza hacia un lado. Él sabía que tenía un buen perfil y usaba la soberbia como máscara para sus emociones. Después de todo, no iba a ser especial. No sabía que sería especial. Estaré aquí sinceramente, dijo él. La miró. Se cayó la máscara. Se cayó la media sonrisa. Eso espero. Sino créeme que haré de tu vida una mierda, dijo ella. Lo besó. Empezó a llover en serio.

sábado, 4 de junio de 2016

"Malas palabras"

así que está el problema de que lo que observas cambie cuando lo hagas
la incertidumbre
pero desde la conciencia el observador es también lo observado, por lo que no hay dualidad ni problema
como una pintura de Leonid Afrémov
legendario cazador de crepúsculos
o cuando das lo mejor de ti y recibes una razón para no volver a hacerlo
o cuando mucha gente se te queda atorada en la garganta y a eso le llamas olvido

[ pero / y ] tomas todas las canciones que te hacen recordar y las metes en una botella que arrojas desde la azotea de un edificio, hacia una calle que no tiene mar
y el canto de los grillos le sirve de metrónomo al concierto de demonios que llevas en la cabeza

y está ella que, bueno..
es una promesa en medio de los escombros
una sonrisa dibujada con el dedo sobre el vaho de una ventana empañada
es bella, pero eso no es lo importante
lo importante son los detalles
la forma de caminar, con un paso torpe pero estético
la gracia de la única hoja viva que se resbala del techo del carro, cuando termina de llover
más que torpeza, ternura

el cabello negro, como los ojos, como el verdadero color del cielo
verdad en cada detalle
en un lunar
en una sonrisa
en su risa asmática
hay brillo pero a la vez no
es como un sueño, pero lúcido

dice que no fuma pero estoy seguro de que su lengua sabe a nicotina
y de que es de esas personas que cuando la agarras de la mano te acaricia con su pulgar, sin darse cuenta
entonces cuando la observo ella cambia a caos
se nebuliza de entropía
como el universo
donde hay nebulosas
como ella

y si este plano nació del azar y la entropía y el caos
estoy seguro de que esta última no puede ser una mala palabra.

martes, 15 de marzo de 2016

"Héroe de la clase media"

¿O como o estudio?

Mejor dibujo. Mejor escribo.

Mejor hago música y me ocupo en ser joven,
torpe e indiferente,
aunque el hambre y la muerte
no lo permitan.

No tenemos ni el tiempo
ni la oportunidad de enamorarnos
porque hay que hacer fila
por un paquete de harina.

¿O como o estudio?

Mejor dibujo. Mejor escribo.

Mejor viajo y voy a fiestas.
Mejor me embriago y me drogo.
Como mi madre,
llena de fármacos
por la quimioterapia.

De los que pudimos conseguir.
No hay medicinas en el narcoestado.

¿O como o estudio?

Mejor dibujo. Mejor escribo.

En la ciudad oxidada,
todo tiene precio
pero nada vale nada.

La verdad vale silencio,
la justicia vale una línea editorial,
y una muerte vale un carro.

Y la educación aumenta de precio, y se rompe
y la educación aumenta de precio, y se pudre
y la educación aumenta de precio, y me pregunto:
"¿O como o estudio?"

Mejor dibujo. Mejor escribo.